Capítulo 2: El viaje (II)

Posted on November 19, 2011

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Ya estaba todo planeado:

  1. Salida desde Málaga el 17 de Septiembre a las 21.30. Llegada a Londres (Gatwick) el 18 de Septiembre a las 00.15. Precio: 100€.
  2. Una vez en Gatwick, iría a la oficina de NationalExpress para comprar el billete hacia Exeter. Precio estimado: £30.
  3. Una vez en Exeter, a la casa de huéspedes: £110. Y a ver la casa donde me quedaría.
  4. El día 19 tendría lugar el primer encuentro con el personal de la universidad.
  5. El día 20 de Septiembre me llegaría a la casa a llevar las cosas y viaje de vuelta a Gatwick. Salida desde Londres (Gatwick) a las 17.15. Llegada a Málaga a las 21.30. Precio: 100€.

Del mismo modo que Paco Martinez Soria llegó a la urbe con sus dos gallinas en la cesta, llegué al aeropuerto enfundando mi camiseta de la Universidad de Málaga. Sólo me faltaba el casco de Nasío pa matá. El primer susto lo tuve en el aeropuerto de Málaga. La trolley pesaba 11kg y el límite era de 10kg para el equipaje de mano. La idea de pagar 30€ por 1kg me gustó lo suficiente como para trasmutarme la cara. El hecho de que pareciera llevar escrito en la frente la palabra "guiri" creo que le ablandó un poco el alma a la mujer que hacía el check-in, porque me dijo disimuladamente que cogiera la trolley y tirase para adentro. Uff, menos mal. El vuelo todo correcto, salvo que me chocó ir en un avión lleno de ingleses (y, por tanto, las instrucciones de vuelo en español brillaron por su ausencia).

Pero cuando llegué al aeropuerto de Gatwick… tuve la confirmación de que no fue la mejor de las ideas ir identificado como español. No, no hubo racismo, comentarios ofensivos ni nada por el estilo. Fue algo todavía peor. Tras recoger el equipaje, me dispuse a ir a las oficinas de NationalExpress para comprar el billete de autobus, pero las oficinas estaban cerradas. Decidí probar con el tren, ya que leí de un combo en las mismas oficinas (a precio más alto). En ese momento, afortunadamente con el aeropuerto desierto, me para una chica española que, atraída por la camiseta (lástima…), decidió acercarse. Creo que iba a Birmingham a estudiar inglés, así que también utilizaría el tren. Como tenía mi B2, decidí que sería buena ocasión para lucirse. Y me lucí, desde luego que me lucí. En mala hora me lucí. Ahora mismo me estoy partiendo de risa al recordarlo, pero entonces lo único que pensaba era tierra trágame: pedí el billete de tren a Exeter en el inglés más desastroso que haya sido escuchado por nadie. Aquello daba vergüenza ajena. Cuando pagué el billete me despedí de la chica y salí por patas de allí. Afortunadamente sólo estabamos la chica del mostrador, la chica española y yo. Si le entraron ganas de reirse a la mujer que me atendió, desde luego lo disimuló estupendamente.

Me dije que la chica me puso algo nervioso y que, siendo mi primera vez, pues claro… pasan éstas cosas. Como llevaba mi teléfono con mp3, me enfundé los cascos y me aislé del mundo hasta que saliera el tren, a eso de las 6.20. Inicialmente pensé en dormir, pero me di cuenta que en Londres hacía MUCHO frío, el suficiente como para no poder dormir. No es menos cierto que yo sólo iba con mi camiseta y una chaqueta de cuero. Dadas las circunstancias, decidí que sería buena idea recorrer el aeropuerto (con la trolley, faltaría más) cada 20min más o menos, para entrar en calor, hasta que saliera el tren. Cuando llegó la hora y había que acceder al andén, me di cuenta que hacía mucho, mucho, pero que mucho frío. Más del que sentí en el aeropuerto. Afortunadamente en ésta ocasión, no desentoné mucho con los ingleses, que van con manga corta haga sol, llueve, truene o nieve. Fue una de las cosas que me impactó durante mi estancia en el aeropuerto: yo estaba completamente tieso mientras veía inglés tras inglés desfilar en manga corta y shorts. Y lo más gracioso: todos tiritando jajaja

El paisaje que vi durante el viaje, si no compensó el momento de compra del billete, se acercó bastante. En fin, yo sólo había visto la típica vegetación mediterránea, la Sierra de las nieves, el torcal de Antequera… pero no lo que vi en aquel recorrido: océanos de niebla donde los árboles más altos se eregían como islas. Hubiera disfrutado más la travesía si todas las ventanas del tren hubieran estado cerradas. Por aquello del frío. La segunda cosa que me impactó: nadie me pidió el billete durante toda la travesía. Me quedé literalmente a cuadros. Llegué a Exeter a eso de las 11.00. Como había que hacer trasbordos no quise dormir, lo que me hacía falta encima era pederme. Ya dormiré por la noche. Nada más salir de la estación de St. Davids, le mandé un SMS al casero para decir que ya estaba aquí y que en Xh me pasaría por la casa.

Durante mi caminata desde la estación hasta la casa de huéspedes, si soy sincero, no me percaté absolutamente de nada. Tracé mi ruta con Google Maps días atrás y me dediqué a seguirla a pies juntillas. Ni qué casas tan bonitas ni historias. La casa de huéspedes… pfff, una maravilla. Costó encontrarla, puede que sea algo cara para dos noches, pero qué preciosidad. Diálogo el justo: me llamo fulano y vengo a hacer el check-in. 10min más tarde salgo a ver la casa. Me pierdo. Me pierdo. Me vuelvo a perder. XXXXX Road? Aún desconozco cómo, pero la cuestión es que llegué. El hombre parece majo y está también el chico chino, al que interrogo (casi en sentido literal) a preguntas sobre sus primeros días y me respondía en un inglés casi que nativo pensé entonces, ahora no me lo parece tanto (se nota que es extranjero). El casero me pareció un tanto obsesionado con la seguridad: alarma de humo aquí, manta contra incendios, una llave maestra para ser utilizada en caso de incendio, etc. Pero bueno, me dije que mejor que sobre a que falte. Me lo explicaba todo marcando bien las palabras, había estado trabajando en el extranjero y sabía lo que era enfrentarse a un país y lengua nuevas. Afortunadamente, dí en el clavo con la casa. Ya más tranquilo, al terminar visita el hombre me hizo una pequeña visita guiada en su BMW de 15 años. Eso fue lo tercero que me impactó: hay coches del montón (incluso chatarrillas) aparcados frente a unos pedazo de casas que alucinas. Y no eran precisamente del servicio. Pese a que no me enteré de nada, yo decía a todo que sí en perfecto inglés andaluz (una mezcla entre yes y yeah). Por cierto, mi inglés irreconocible, porque hablando conmigo mismo lo hablaba mejor, sin embargo al hablar con la gente balbuceaba. Terminado el tour, me dejó en la puerta de la casa de huéspedes y de ahí, a la cama. Eran las 20.00 de la tarde.

El día siguiente era el gran día. Arreglado, me dirijo al Geoffrey Pope Building. Hay un lector de tarjetas y un timbre, dado que no tenía nada… opté por el timbre para acceder. Tras preguntar en la recepción por la oficina, me dirijo a la planta correspondiente y observo atónito que allí no había nadie. La hora era la correcta (ya la retrasé en España antes de salir). El hombre de recepción no podía hacer nada sin un teléfono, un correo ni un nada. Yo no tenía nada. Se me encendió la bombilla: en la casa de huéspedes tienen wifi, así que iré allí, me conectaré y buscaré su correo en la web de la universidad. Al salir del edificio me di cuenta que tenía un problema: hay dos sistemas de puertas, supongo que para evitar el frío y el ruido, la primera ya se cerró y no sé cómo demonios abrir la segunda, la que da acceso a la calle. Con cierta cara de susto me puse a mirar en todas las direcciones posibles… ¡no había forma de salir de allí! Cuando salí del estado de pánico, me percato que hay un par de chicas que se están descojonando (ahora con perspectiva… no era para menos). Fuera, a unos 20m. En ese momento, supongo que se dieron cuenta que las vi, una de ellas me hizo señas como de "ahí, ahí". Tras buscar con algo más de calma, me percaté que había un botón bien hermoso (grande y justo frente a mi) que permitía abrir la puerta. Salí de allí por patas. Estoy entrando por la puerta grande, pensé. Para colmo estaban de buen ver. Si tenía una remota posibilidad de hacer algo con ellas, esa posibilidad se esfumó en ese mismo momento.

De vuelta en la habitación, le envié un correo utilizando el móvil. Tras una disculpa, me dió una hora de lapso, así que me quedé haciendo tiempo en la habitación. Concretamente con la cafetera eléctrica, ya que era la primera vez que veía una: pulsabas el botón y en 30s el agua estaba lista para el té. Cuando pasó la hora repetí el proceso de ida (aunque ya conocía el botón de la puerta) y finalmente lo encontré. Me presentó a los demás integrantes del equipo (un chico y una chica mexicanos y un chico de chipre) y nos fuimos todos juntos a tomar una cerveza. No le di demasiada importancia, pero cuando vi el tamaño de las pintas… supe que algo bueno no podría pasar. Yo no soy de mucho beber, y tampoco de beber cerveza (alguna vez probé la cruzcampo y no me hizo mucha gracia). Pero bueno, como iba invitado tampoco me iba a poner quisquilloso. Cuando me me bebí 1/4 de la pinta ellos ya se habían terminado la suya. Otra ronda (no para mi). Cuando me bebí la mitad de mi pinta ya se habían bebido la suya. Otra ronda (no para mi). Yo ya me notaba como rarillo. Ahora pagaba el chico mexicano. No recuerdo bien por qué, el chico le dió su tarjeta de crédito y su pin a la chica mexicana para pagar. Cuando se fue, y en un inglés no tan chapucero como al principio (o al menos así lo recuerdo), le dije que una verdad universal e inmutable era que jamás de los jamáses había que darle a una mujer tu tarjeta de crédito. A los 2min me enteré que la chica era su prometida. Afortunadamente el chico se lo tomó con humor, pero maldita sea mi suerte. Cuando terminé mi pinta, tiré el paraguas y estaba muy tocado. Los demás se estaban partiendo de risa, y no era para menos. Sólo con una pinta ya estaba tocado y hundido. Pero pasamos un buen rato. Me quedó buen sabor de boca.

Si tengo que destacar algo de aquel primer contacto fue la primera vez que los chicos mexicanos me hablaron en español. El "jefe" se había ido hace un momento y el chico de chipre estaba en el WC… ¿bueno, cómo encuentras la ciudad?. Sentí como si estuviera en Matrix y alguien hubiese pulsado control + alt + supr. Me llevó un tiempo contestarles.

Al día siguiente hice el check-out bien temprano, para tener tiempo de llegarme a la casa a dejar los libros y luego de volver a la estación para comprar un billete para el primer autobus con destino a Gatwick. Lo hice así porque el viaje a Londres dura 5h y, en fin, prefiero esperar a llegar tarde. A las 8.15 estaba ya en la estación listo para comprar el billete, una putada porque las oficinas no abrían hasta las 9.00. Otra vez a pasar frío. Una vez en Gatwick, y ya con el check-in hecho, decidí que sería buena idea comer algo. Me quería comer el mundo. Por si no os habéis dado cuenta, no he escrito nada de comida en toda la entrada. La razón es bien sencilla: no comí nada desde que llegué al Reino Unido. Y lo más curioso de todo: nunca tuve hambre… hasta que me relajé.

La primera fase de la operación mudanza había concluído.

(To be continued…)

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