Capítulo 1: La rígida búsqueda

Posted on November 16, 2011

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Una vez decidido que ir a un país extranjero era una opción, decidí ponerme manos a la obra. Lo primero que hice, allá por Noviembre de 2010, fue buscar información sobre alguna página que aglutinase becas o contratos a nivel internacional; no recuerdo cómo, pero sé que finalmente di con Eures. Dado que, aproximadamente, sólo un 2% de europeos vive y trabaja en un país extranjero, Eures nace con la intención de facilitar la movilidad dentro de la Unión (aunque incluye a más países). Aunque es para todo el mundo, independientemente de su formación, hay una sección para graduados universitarios donde incluye información adicional. Entre esa información se encontraba lo que buscaba: EURAXESS. A la postre no me serviría de nada, pero fue el punto de inicio ideal ya que había multitud de ofertas para trabajar/estudiar en el campo de la investigación, en cualquier campo y en cualquier país miembro de la UE (creo recordar que incluye a otros paíes).

Decidí mirar cada semana por ofertas que me interesaran, o más que me interesaran (muchas), que se ajustaran a mi perfil. Si bien podría echar la solicitud para un proyecto de ecología, mi formación está más centrada en el campo de la evolución molecular. Si tuviera unas notas del copón igual hacían la vista gorda con eso, pero no era el caso. Estadísticamente notas por encima de la media, pero tampoco para ser un pitagorín. Había más ganas que notas. Además, tardarían menos en ponerse a trabajar con alguien que ya se manejara en ese campo. Desgraciadamente en España había muy, muy pocas y esas pocas, evidentemente, estaban muy solicitadas (para 25 puestos de becario FPU se echaron unas 4.000 solicitudes -este año-).

Decidí no cerrarme a ningún país y mirar cada semana para buscar entre lo que había, ya que casi siempre había alguna oferta nueva (no llovía maná, pero al menos una nueva sí que encontraba). Si bien no me importaba aprender otra lengua, el inglés era el que tenía más suelto (no toqué mucho más tras el instituto, que algo sí que toqué por alguna pelicula suelta, pero me servía para leer los artículos científicos). Además, tras leer la descripción de las ofertas, la mayoría pedían inglés para moverte con el grupo, nivel C1 en casi todos ellos… menos problemas para mi. Aunque, todo sea dicho, por amor propio hubiese aprendido la lengua local fuere la que fuere. Así, un día vi una oferta en mi campo que me entusiasmó muchísimo: trabajaban en mi mismo campo en el que yo estaba trabajando con la tesina, con los mismos genes y para darle algo de glamour se trataba de la Universidad de Oxford. “Macho, ¡cómetelos!” me dije. Me miré y remiré 1001 páginas para dar con la equivalencia exacta de las notas y título, me preparé mi carta de presentación, mi CV estilo inglés… ¡qué ilusión! Era el tiempo de navidad y me dió por contarlo en mitad de la noche buena. Pfff, el pelotazo padre. No respondieron ni para decirme que habían recibido la solicitud.

Decidí seguir el camino de San Fernando, un ratito a pié y un ratito andando… ésta vez sin abrir la boca. Una solicitud, otra, otra, otra… ocasionalmente obtenía una respuesta donde amablemente indicaban que había gente que se ajustaba más al perfil (las pocas veces en las que contestaban). Más búsqueda y más solicitudes enviadas. Ni una. Creo que en 3 meses eché unas 15 solicitudes y sólo unas pocas respondían pasado el tiempo límite. El ánimo bajaba exponencialmente con cada negativa recibida, para compensar aquellas que no recibí y se sobreentendían negativas. Y sólo con esas 15 solicitudes, ni me imagino el que haya echado 300. Esa fue la primera vez que cambió la percepción de las personas que decían estar pateandose la calle echando CV. La teoría era una cosa, la práctica otra. No es que sentara bien, pero si quería hacer lo que quería hacer… había que seguir intentándolo.

Entre tanto, al salir un día de la facultad de vuelta a casa encontré un folleto de la fundación de la universidad, ofertando cursos de inglés de la Universidad de Cambridge. Varios niveles, entre ellos el C1 que es lo que pedía la mayoría. La mujer que atendía las peticiones, británica, me aconsejó que hiciera otro nivel… pero le dije que no, quería morir matando. Había un pequeño problema y es que el exámen era para dentro de un mes y medio (mediados de Marzo -entonces-), por lo que decidí ponerme las pilas: rebajé el ritmo de la tesina; estaba casi todo el día con ella, así que me dediqué a la tesina las mañanas y las tardes al inglés (unas 4h todos los días, fines de semana incluidos). El librero me dijo que los libros de Cambridge tardarían del orden de 2 semanas, así que mientras tanto recurrí a la tecnología y utilicé algo que nunca había utilizado antes: los podcasts. Además, compré algunos libros en inglés, como Walden o Paradise Lost. El fallo, que tardé demasiado en ver, radicó en que los podcasts eran casi todos científicos (The naked scientists, A brief history of Mathematics, etc.) y los libros eran poesía y un ensayo/diario sobre la naturaleza (walden). Cuando llegó el día del exámen sólo pude estudiar la mitad del temario, pero bueno, el dinero estaba en bolsillo ajeno y había que intentar rentabilizarlo. Cuando llegaron las notas vi que saqué un 55/100, el corte para otorgar el C1 estaba en 60/100 (si llegabas a 85/100 te daban el C2). Como premio de consolación me otorgaron el nivel B2. Dado que me preparé el temario por mi cuenta, sólo llegué a la mitad y no tenía ni idea de mi nivel de inglés… no me supo mal del todo. En la convocatoria de diciembre me lo llevo, me dije. Mientras tanto, ya tenía un título que podía enseñar al que me preguntara si sabía inglés: of cúrs… dónde va a parar.

Tras ver el plan que tenía con las ofertas internacionales, decidí comentarle mis intenciones a los directores y colaboradores de la tesina. Uno de ellos pertenece al consejo del CSIC, donde reparten la pasta. Meses atrás ya nos contó historias para no dormir sobre el tema económico (recortes, recortes y más recortes), pero yo le dejé caer el asunto. Tan torpemente, que no se lo dejé caer sino que se lo tiré, sin tapujos. Me dijo que nanai, que no hay dinero… pero me dió valiosa información a cambio: todas las solicitudes y cartas que le llegaban “estandarizadas” en respuesta a alguna solicitud (‘Muy señor mío‘, y cosas así) las desechaba y sólo se quedaba con las que eran directas (‘Hola Fulanito, que he visto tal o cual oferta…‘). Oído cocina.

Decidí poner en práctica esa información en dos nuevas solicitudes, para Copenhague y Luxemburgo. Nada, sin respuesta de ningún tipo. A finales de Junio, uno de los profesores con los que trabajaba me hizo llegar una oferta que le pareció interesante en la Universidad de Exeter. Dado el historial de ofertas rechazadas, sabía cuál sería la no-respuesta, y dado que me pilló el día tontorrón… le mandé el siguiente mensaje:

Application

Ese mensaje desató una serie de acontecimientos (intercambio de correos y entrevistas por skype) por los cuales fui aceptado en el proyecto pese a tener el nivel B2: el 8 de Agosto de 2011 me llegó el contrato que debería firmar, si estaba de acuerdo, fotocopiar y enviar de vuelta a la Universidad de Exeter. No me lo podía creer, literalmente. Estuve casi una semana entera sin pegar ojo.

La búsqueda había concluido.

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Posted in: Viaje